Vivimos días de especial intensidad espiritual. Apenas acabamos de despedir a un Papa cercano, humilde y comprometido, que ha subió al cielo el pasado Lunes de Pascua, cuando el Espíritu Santo, en su infinita sabiduría, ha guiado al Colegio Cardenalicio hacia una rápida y esperanzadora elección. León XIV no solo representa a un Papa del siglo XXI, sino también a un pastor profundamente volcado en los pobres y en los más necesitados, reflejo vivo del mensaje evangélico.
Para los cofrades y cristianos en general, este momento es motivo de consuelo, renovación y esperanza. Que la elección de este nuevo Sucesor de Pedro haya tenido lugar en el tiempo pascual, cuando celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, no es casualidad, sino signo providencial de un nuevo tiempo para la Iglesia.
Desde nuestra cofradía y en comunión con la Iglesia universal, pedimos al Espíritu Santo que ilumine y fortalezca el pontificado de León XIV. Que su guía sea fecunda y siempre al servicio del Evangelio, la unidad de los cristianos y la dignidad de los más vulnerables.